Los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán han reactivado los riesgos geopolíticos y económicos a nivel global, generando preocupación por sus efectos inmediatos en los mercados y por las posibles represalias de Irán y sus aliados tras la muerte del líder supremo iraní (Al Jamenei)

Este contexto podría “condicionar” de manera indirecta la política monetaria del Banco Central y retrasar la recuperación del consumo interno. Sin embargo, el impacto no sería exclusivamente negativo. La incertidumbre global suele impulsar la cotización de metales como el oro (recordando que nuestro país es el productor N° 1 del mundo), lo que podría mejorar los términos de intercambio y fortalecer temporalmente los ingresos. En consecuencia, el balance para la economía peruana dependerá de la duración del conflicto: una crisis breve implicaría volatilidad transitoria, mientras que una escalada prolongada podría trasladarse en un menor crecimiento global y mayores presiones inflacionarias internas, evidenciando nuevamente la sensibilidad de economías abiertas como la peruana frente a shocks geopolíticos internacionales.
La reciente escalada de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, agudizada tras la muerte del líder supremo iraní durante una operación militar en Medio Oriente, ha reactivado los riesgos geopolíticos en una región clave para la economía mundial. Si bien el conflicto responde a disputas políticas y de seguridad acumuladas durante décadas, la principal preocupación internacional se centra actualmente en sus efectos económicos inmediatos, especialmente sobre los mercados energéticos y financieros a nivel global.
El primer impacto visible se ha producido en el mercado petrolero. La incertidumbre sobre la estabilidad del Golfo Pérsico y la seguridad del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz (ruta clave para el comercio energético mundial) ha impulsado al alza el precio del crudo ante el temor de interrupciones en la oferta. Un petróleo más caro incrementa los costos de transporte, producción industrial y generación eléctrica a nivel global, lo que eleva las presiones inflacionarias y complica los procesos de reducción de tasas de interés en diversas economías.
Para el Perú, los efectos serían principalmente indirectos pero relevantes. Al ser importador neto de combustibles, un incremento sostenido del precio del petróleo se traduce rápidamente en mayores costos de transporte, logística y energía, presionando la inflación interna y afectando el poder adquisitivo de los hogares. Asimismo, el encarecimiento de fertilizantes derivados del gas natural impactaría al sector agrícola, elevando costos de producción y precios de alimentos. de transformación para el sector financiero.

